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Matagalls/Montserrat, 2008
Matagalls/Montserrat, 2008
Juan Carlos Rodriguez Esteban, 2008
Foto de Salva Pou.
Matagalls/Montserrat : 92 km, de noche, con niebla, lluvia y descomposición gástrica. Menos mal que el Garmin, y sobre todo MARTA, venían conmigo.
Antes que nada aclarar el porque de los 92 km, cuando es sabido que la mM oficialmente son 83 y pico. En primer lugar el gps me indicó 86 al final de la prueba, sin perderse ni haberse salido ni un momento del track. Probablemente un error de los satélites, pero a mi, sea solo efecto sicológico o realidad métrica, me parecieron de verdad 86 (sugerencia tímida a los organizadores: verificar la longitud del recorrido). Por otra parte, los Moços nos hicieron aparcar a 4 km de la salida, como consecuencia de la tremenda aglomeración de coches en la zona, con lo que hay que añadir a la marcha esta pequeña propina de ascensión suave, que sirvió de pre-calentamiento. Y para acabar, Monica, la prima de Marta que nos vino a buscar a Montserrat no pudo acercarse a menos de 2 km de la llegada (tantos fieles los domingos!), lo que propició la puntilla que de todas formas aceptamos con alegría.
Vamos ahora a los precedentes:
Marta mencionó en un e-mail apenas un mes antes de la mM que no sabia si la iba a hacer. En ese momento pensé que era una buena oportunidad para estrenarme en la categoría de mas de 80 km, si podía completarla en su experta compañía. Mi experiencia se limitaba a 4 Reus-Prades-Reus y caminatas diversas de la provincia de Tarragona, siempre por debajo de los 60 km, con la única excepción de una La Selva, justo este año. Los buenos resultados de la ultima RPR (no solo hablo de tiempo, sino de estado físico tras la prueba) me animaban a dar este paso. Así que le dije que me gustaría apuntarme. Una semana más tarde, sorpresa: Marta me envió confirmación de mi inscripción. Y justo el mismo día recibí comunicación de la organización de que las plazas ya estaban agotadas. Just in time. De manera que no pude decirles nada a mis compañeros habituales de estas aventuras, Lluis y Luis Miguel, que ahora cuando lean esto despotricaran con razón, pero que se le va a hacer.
En la web del centro de Gracia encontré un foro muy interesante en el que algunos participantes intentaban ligar y otros compartían experiencias previas, En el capitulo de preparación, los expertos en el tema citaban que era necesario al menos un año de entrenamiento serio previo (buenos y frecuentes kilometrajes). Procuré no preocuparme mucho repitiéndome el razonamiento siguiente: "son 15 km mas que La selva, pongamos 3 horas mas, debería poder hacerlo". Luego, la parte mas racional de mi cerebro generaba la contrapartida: "son 15 km, después de 68 km, y además de noche. Las ampollas serán prácticamente inevitables. La rodilla derecha que te molesta en las marchas mas cortas sufrirá en esta mucho mas.". Para acabarlo de adobar, todas las previsiones daban lluvia para el día de la prueba.
Y en estas condiciones, mejoradas con un par de entrenamientos en fin de semana (30 km cada vez para reconocer un poco el terreno de la marcha) nos presentamos en la salida de la mM. Bueno, en realidad a 4 km como ya he citado. Y todo ello gracias a la inestimable ayuda de los amigos de Marta que nos acercaron hasta ese punto, evitándonos conducción y stress antes de la prueba.
Para mi fue una revelación ver parte de los 3.300 participantes diseminados por la montaña. Es otra escala comparada con una RPR. Produce una sensación especial e indescriptible la concentración inconmensurable de adrenalina en el ambiente, que te invade y te lleva a salir con unas ganas nuevas. Y así empezamos esta aventura, todavía con luz del día.
Nos acompañaba como garantía para la noche el trak del recorrido metido por Marta en el gps. Otros complementos de apoyo: sobrecitos de geles energéticos de absorción lenta, así como instantáneos para antes de las subidas. Finalmente, aspirinas infantiles para caso de algún dolor y como prevención también.
Llegamos a aiguafreda (16 km) en dos horas. Buen ritmo, aunque siendo la mayoría bajada era lo esperado. Sin embargo, ya teníamos niebla todo el rato. Marta se sentía de alguna manera inexplicable influenciada por ella (rara, mareada), aunque no afectaba a su rendimiento. Cosas de los cambios de presión probablemente. La química del cerebro que conocemos aun tan poco.
Luego llegó la primera subida. Y tras superarla estábamos en el control 2 (20 km) en 2h 50. Todavía buena media, ya claramente de noche y usando los frontales, otra experiencia nueva para mi. El de Marta de un millón de vatios, lo que yo comprobaba cada vez que ella se dirigía a mí y me enfocaba los ojos con él.
Y cerca (22,4 km) el primer aprovisionamiento. Bocatas de pan bimbo, devoré dos de atún, caldo y agua self-service de una cisterna. Aquí conocí otro fenómeno único y especifico de la mM: la marcha paralela. Docenas de coches de Asociaciones de montaña o simplemente familias de participantes, que esperaban cerca del aprovisionamiento oficial para ofrecer a sus privilegiados clientes delicatessen y apoyo logístico completo. Que ambiente y que maravilla.
La niebla se empezó a disipar, pero llegaron los gases. Marta recuperó la energía y hablaba por los codos. Yo solamente sentía que mis intestinos estaban a punto de explotar y le seguía la conversación a duras penas. Tan preocupado por la rodilla, las ampollas, las posibles pájaras…y al final iba a ser el estomago el que me torturase. Pronto me di cuenta de que no eran solo gases y le pregunté a mi acompañante si llevaba papel. Tragedia previsible por la ley de Murphy: no teníamos.
Marta me sacó del apuro: pidió a los de la paralela, que nos aprovisionaron abundantemente. Benditos sean Ella y los paralelos. El próximo año a ver si alguien nos quiere tanto como para montarnos una paralela particular. La verdad es que nos sentíamos un poco huerfanitos sin ese servicio.
Paré a vaciar (digamos que este eufemismo es el más elegante que se me ocurre para describir el problema). Mejora momentánea. Pero en poses (31,5 km) seguían los retortijones, con amenaza constante de necesidad de mas vaciados, temor a deshidratarme y a agotarme (ya me veía como en una película de la guerra de Vietnam), de forma que me asaltaron las dudas sobre acabar y retirarme. La casa de Marta estaba cerca. Era ahora o nunca.
Marta me ayudó con una estrategia simple: pasar bastante de mis dudas y preocupaciones, dando por sentado sin decirlo, que podía seguir. Mi mente seguía analizando datos febrilmente para sacar una conclusión. ¿Habrían sido los polvos isotónicos, la mayonesa, el atún, el caldo, el frío y la humedad' alguien haciéndome vudú o todo junto?, qui lo sa.
De manera que aun sin mucha convicción tomé la decisión de continuar y alejarme del punto de retirada fácil. Bajamos un poco el ritmo para recuperarme. En cualquier caso, con la niebla, que había vuelto a aparecer, no podíamos ir mucho más deprisa sin tener un incidente. El gps ayuda a no perderse pero no a decidir donde poner el pie. No comía nada (no podía), tan solo bebía agua a traguitos y sin polvos.
Y así seguimos hasta san Llorenç, por mi parte sufriendo bastante, aunque ya solo con molestias y sin amenazas. Andabamos por los 45 km (el gps marcaba mas y a mi me parecían muuuchos mas) y definitivamente allí llegué a la conclusión de que la iba a acabar, contra todo y contra todos. Como dice Marta es sencillo, basta con que no importe el dolor. Conseguí comer medio plátano y un cuarto de bocadillo, bebí medio vaso de coca cola caliente y más agua, que seguía siendo bastante mala (se que puedo parecer tiquismiquis, pero habiendo vivido mas de 40 años en Tarragona, mi cuerpo se ha acostumbrado totalmente al agua mineral y ha desarrollado una reacción instantánea a según que aguas municipales).
En Las Arenes (53 km) ya estaba recuperado en la medida de lo posible. Subí la interminable ascensión hasta el Cami Moliner sin pestañear, aunque llovía y se me irritó un pezón con el roce (Madre mía, cuantas averías nuevas que desconocía). Un poco de esparadrapo me protegió y resolvió el problema, postergándolo al momento en que tuve que retirarlo con depilación incluida. Me puse el gore solo por unos minutos, sudaba tanto que era peor que mojarse. Al fin y al cabo la temperatura era buena. Dejó de llover. Gracias al cielo.
Seguimos avanzando, mas subidas y bajadas, y el pie derecho de Marta le pasó factura. Ahora era ella la que estaba tocada y con algunas dudas existenciales. Llegamos a Les Vendranes (69 km) donde había agua del pozo de la masia, buena y sin gustos raros. O al menos eso me pareció. Efecto placebo o no, me dio mas energía.
Cementerio en Vacarisses, quedaban solo 11 km. Comí un poco de bocadillo de bull y bebí mas agua. En un tris llegamos a Monistrol, donde entramos en un bar y tomé un te muy caliente y Marta una coca-cola esta vez razonablemente fría. Fue como bálsamo. Compramos una botella de agua mineral, por Dios que buena, y hacia arriba.
Encontramos gente que sufría de verdad durante esta última ascensión. Estaban a 2-3 km y no sabían si podrán llegar. Era el final de la peregrinación y tenía ciertamente algo de religioso. Por nuestra parte, la subida resultó extrañamente fácil. Quizá el efecto de lo bebido en el bar.
Y llegamos, después de 17 horas que en neto son solo 15, ya que habíamos acumulado dos horas de paradas a causa de controles, y sobre todo averías varias. Un éxito, y amplio margen de mejora personal para el año próximo.
Magnificas e inesperadas noticias: ampollas cero. Mi táctica de 2 cambios de calcetines y vaselina funcionó a la perfección. Las trabuco perfectas. Tras recoger el trofeo, mi estomago que ya estaba del todo bien suplicó una cerveza y patatas fritas. Marta las compró y me supieron a gloria. Vi la luz, recuperé la fe en la humanidad. Al fin y al cabo estábamos en sitio sagrado, es normal.
Otra sugerencia respetuosa a la organización: mejor comida por favor, con esponsores apropiados se podría hacer algo más apetitoso. Y agua buena en garrafas. Todo ayuda cuando se esta haciendo un esfuerzo similar. Y no todos tenemos una marcha paralela para compensar este punto.
Esta mañana después de dormir 9 horas, para mí una enormidad, no me duele nada, solo el cielo del paladar que se quemó con el té caliente en Monistrol. También es la primera vez que me pasa algo así (la ausencia de dolor, el paladar ya me lo he quemado anteriormente). Como prueba adicional de la sobredosis de endorfinas que aun me dura, he venido andando a mi oficina (a 1,5 km de casa) y subido a pie los cuatro pisos necesarios. Lo que repetiré para ir a comer y a la salida. Tengo la sensación de que podría hacer hoy otra marcha, quizá no tan larga (mi genética madrileña no da para tanto), pero por que no la mitad?. Nada mas llegar al despacho, ha caído una tromba de agua brutal, seguramente la que tantas oraciones inhibieron durante la marcha.
En resumen: fantástico. Un millón de gracias Marta. Vamos a por las siguientes.
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